Qué queda por hacer para que tomemos las medicinas?

Si pueden salvar nuestras vidas, ¿por qué no tomamos las medicinas?” fue el título de una publicación que realicé en agosto del 2014, a puertas de la presentación en Perú de Sendhil Mullainathan, uno de los más importantes investigadores de la economía del comportamiento a nivel mundial.

En esa ocasión describí las razones que podrían explicar desde el punto de vista de la economía del comportamiento esta conducta en el ser humano. Algunas de ellas: el sesgo por el presente que sobrevalora el corto plazo, el exceso de confianza en nuestra invulnerabilidad, el “ancho de banda” mental que hace que nos enfoquemos solo en lo que consideramos urgente, entre otras.

Ante estas limitaciones es necesario plantear alternativas innovadoras que ayuden a mejorar el grado de adherencia, entendida como el seguimiento que un paciente hace de las recomendaciones dadas por el personal médico. En esa línea, el Banco Mundial ha centrado su último Informe sobre el Desarrollo Mundial 2015 en revelar cómo las personas toman decisiones en diversos ámbitos, incluida la salud. Si bien este análisis va más allá de la adherencia, plantea recomendaciones útiles que pueden ser usadas a favor de lograr que los pacientes sigan su tratamiento.

El informe se basa en tres principios fundamentales: en que gran parte de nuestros pensamientos son automáticos y llegan a nuestra mente sin esforzarnos; en que, al los seres humanos ser profundamente sociales, nos gusta involucrarnos siempre y cuando los demás también hagan su parte; y, finalmente, en que nuestro pensamiento está basado en modelos mentales: cuando pensamos, en general no inventamos conceptos sino apelamos a patrones de la sociedad a la que pertenecemos. Estos tres principios tienen importantes consecuencias para las intervenciones y las políticas de desarrollo.

Los hacedores de política muchas veces asumen que la conducta humana surge de una elección puramente racional: que las personas sopesan cuidadosamente sus opciones, analizan toda la información disponible y toman decisiones por sí mismas. Tras un análisis de numerosas experiencias internacionales, el reporte del Banco Mundial confirma que no es suficiente proveer información de los beneficios o perjuicios de no tomar una acción para lograr un cambio en la conducta de las personas. Por ejemplo: una campaña relacionada a salud será exitosa siempre que logre un vínculo emocional con las personas y active o cambie alguna norma social. Además, será más exitosa si se dirige a la comunidad en su conjunto, pues las personas estarán más dispuestas a comprometerse con un comportamiento si saben que recibirán apoyo, reforzamiento, retroalimentación o recordatorios.

Volviendo al tema de la adherencia, ¿cómo logramos un vínculo con los pacientes? Los medios de comunicación masivos tienen gran eficacia en influenciar socialmente a grandes multitudes. ¿Por qué no utilizar a figuras públicas para que expongan la importancia de seguir las indicaciones expresas de los médicos y de cultivar una cultura de prevención? En el 2011, el entonces presidente brasileño Luiz Ignácio Lula da Silva discutió públicamente acerca del cáncer de garganta que le había sido diagnosticado y que atribuyó a su hábito de largo plazo de fumar. La noticia fue cubierta ampliamente por los medios de comunicación. Tras su anuncio, el interés por dejar de fumar alcanzó precedentes nunca antes reportados. Las búsquedas en Google sobre dejar de fumar aumentaron en 71% durante las cuatro semanas que los medios abordaron este tema.

Las intervenciones conductuales buscan afianzar hábitos. Para el caso de la adherencia, es clave hacer que sus beneficios a largo plazo sean destacados en el corto plazo, que se puedan percibir día a día. Un ejemplo son los mensajes de texto que se envían como recordatorio para que los pacientes tomen sus medicinas. Éstos tienen más probabilidad de ser efectivos cuando se les hace seguimiento, son personalizados y cuando su frecuencia y contenido son relevantes para el paciente.

Otro elemento fundamental es la confianza que el paciente tiene en su proveedor de salud, quienes no siempre hacen el mejor trabajo. ¿Qué se puede hacer? El reconocimiento entre pares –trabajadores de salud- funciona como incentivo y señal de aprobación social. Podemos ponerlo a prueba.

 

*Este post fue escrito con la colaboración de Alejandra Sota, analista de Videnza Consultores.

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