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Medidas para incrementar la competitividad de la papa

La semana pasada, productores de papa de distintas regiones, en especial de Junín, Huancavelica, Huánuco y Ayacucho, protestaron en contra del Gobierno debido al bajo nivel del precio del tubérculo prevaleciente en los mercados locales. De acuerdo con lo expresado por sus representantes a través de los medios de comunicación, el precio del kilo de papa pagado por los acopiadores a los productores había descendido de S/ 0.80 a S/ 0.10 debido a factores como la importación de papas precocidas. Como consecuencia de esta protesta, se han firmado algunas actas de entendimiento en las que el Estado se compromete, entre otras medidas, a comprarle hasta siete mil kilos por productor a un precio de S/ 1 por kilo, a revisar la política arancelaria y a difundir créditos a tasas de interés preferenciales con el fondo Agroperú.

Estas decisiones, no cabe duda, responden a un interés coyuntural de poner fin a la ola de protestas en el contexto de un Gobierno que requiere de oxígeno político para retomar la agenda sectorial de mediano y largo plazo. Sin embargo, pueden luego generar impactos negativos en el sector que requieran de una mayor intervención. En particular, la experiencia de compras de productos agrícolas para los programas alimenticios del Estado a fines de los noventa demostró que usualmente se compraba por encima del precio de mercado (como ahora) a aquellos productores que no eran los más pobres del campo, sino los que podían organizarse para protestar y vender (en el caso actual, la producción que salió al mercado entre diciembre y enero no es la que tradicionalmente corresponde a los pequeños productores de la sierra). Además, evidenció que la calidad del producto era de lejos menor que la que prevalecía en el mercado, y no había transparencia en las compras. Pero quizás la lección más importante fue la que se registró en el caso del arroz: los stocks adquiridos se repartieron entre beneficiarios y no beneficiarios de los programas sociales, se afectó negativamente la demanda en los mercados y, por lo tanto, aumentó la dependencia de las compras estatales.

Para lograr la competitividad de la producción agrícola tradicional en los mercados interno y externo se debe transitar la misma ruta que ha recorrido el sector agrícola moderno que se dedica a cultivos exportables. En primer lugar, el Estado debe proveer infraestructura de comunicaciones, energía y riego para facilitar los procesos productivos, así como seguir avanzando en el proceso de titulación de tierras en las áreas rurales. En segundo lugar, debe recorrerse la ruta de la calidad y la estandarización de la oferta dispersa mediante una política de estrategia comercial. En el mercado internacional de frutas y hortalizas, por ejemplo, es claro que el valor unitario de los productos frescos es superior al de los industrializados porque los primeros tienen mucha tecnología incorporada para llegar en buen estado a la mesa del consumidor. Si se quiere que la papa nativa, en cualquiera de sus variedades, llegue al mercado con mayor potencialidad, debe trabajarse su calidad, homogeneidad y disponibilidad en volúmenes adecuados y crear las condiciones para que la empresa privada potencie su relación con la agricultura tradicional. Finalmente, el Ministerio de Agricultura y Riego debe seguir enfocado en su rol de promover la investigación en los sectores público y privado, generar información sistemática de siembra y cosecha para la toma de decisiones, y ser un celoso guardián de la biodiversidad y la sanidad agropecuaria.

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