Golpes silenciosos, por Janice Seinfeld

El 38% de las mujeres asesinadas en el mundo perdieron la vida a mano de sus parejas. ONU Mujeres alerta que la violencia contra la mujer causa más muertes y conlleva costos económicos mucho más altos que los homicidios o las guerras civiles: alrededor del 2% del producto bruto interno mundial por año, lo que equivale al tamaño de la economía de Canadá. Como señala la Organización Mundial de la Salud, estamos frente a un problema de salud pública de proporciones epidémicas.

Por violencia no solo entendemos agresiones físicas, sino también el uso del control, la coerción o las amenazas, y el abuso emocional, sexual, financiero o psicológico. Sus víctimas suelen presentar cuadros de depresión, trastorno por estrés postraumático, ansiedad, abuso de sustancias, VIH y otras infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados, abortos, lesiones físicas traumáticas, problemas cardiovasculares, gastrointestinales, endocrinos e inmunes, dolores de cabeza, síndrome del intestino irritable, trastornos del dolor crónico, enfermedad de las articulaciones, asma o fibromialgia.

Luego de que el Tribunal Constitucional declarara nula la ley que prohibía la publicidad estatal en medios privados, la Presidencia del Consejo de Ministros anunció que replanteará el Plan de Estrategia Publicitaria Institucional 2018 para darle mayor énfasis a la lucha contra la anemia y contra la violencia hacia la mujer. Más allá de la comunicación, ¿qué debemos hacer para combatir esta última?

Una de las dificultades para desarrollar políticas públicas efectivas sobre violencia de género es la falta de datos fiables y pormenorizados que permitan dimensionar el problema, dada su estigmatización social. Además de brindar apoyo a las víctimas y castigar a los agresores debemos, sobre todo, enfocarnos en la prevención de la violencia: acabar con su normalización, poner el tema sobre la mesa para fomentar su abierta discusión, y entender el devastador impacto que tiene en quienes la padecen y en nuestros niños, testigos ocultos de este drama.

Un tema clave en prevención es tomar medidas la primera vez que la mujer presenta una denuncia policial. Es en ese momento cuando se debe trabajar con ella para que reconozca los ciclos de violencia, reciba soporte psicológico y no retroceda en su decisión. Y para ello la economía del comportamiento revela que muchas mujeres que inicialmente dicen querer terminar una relación abusiva regresan con sus agresores porque muestran inconsistencia temporal. Esto quiere decir que inmediatamente después del incidente del maltrato, su valoración de la relación es baja, pero a medida que su apego emocional se empieza a reactivar, su visión de la relación mejora y su conciencia de estar en riesgo disminuye. Los Centros Emergencia Mujer funcionan para la fase de atención, pero requerimos abordar el problema desde su origen. Y para ello es también fundamental trabajar con el agresor: terapia psicológica y grupos de apoyo han mostrado resultados favorables. Hay experiencias incluso de realidad virtual para maltratadores que han mostrado resultados positivos.

Otro espacio fundamental son los centros de trabajo. Debemos fomentar que las víctimas se sientan seguras y puedan recibir ayuda. Si sospechamos que una colega puede estar sufriendo de violencia, hablémoslo. Contribuyamos todos a cambiar la cultura en torno a la violencia de género.

Los crecientes movimientos sociales que reclaman igualdad de derechos y exigen acabar con los abusos nos muestran cómo la determinación para el cambio nace en la concientización. Estado, sociedad civil y sector privado debemos trabajar para fortalecer las leyes y garantizar su cumplimiento, y para cambiar las normas sociales que perpetúan la violencia.

Publicado en el Comercio

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